
[ficha]En nuestro último viaje culinario decidimos probar un lugar que nos sonaba bastante atractivo porque queríamos reivindicar el sabor de la comida india. El Soul of India, que originalmente vimos en el Alto las Condes, hacía gala de una impecable decoración y de un menú aparentemente bien estructurado. Nuestra experiencia previa era de nuestra visita hace años al Salaam Bombay, en donde la comida nos pareció demasiado picante y tanto la atención como el local un poco informales. Por eso dije “reivindicar”.
Fuimos al local de Soul of India que tienen en Av. Vitacura en el lugar donde antes se emplazaba el restaurant japonés Sakura y nada más cruzar la puerta nos impactó el poder de la escenografía. Terminaciones en madera, tapices con motivos indios, un intenso olor a incienso y especias, luces tenues en lámparas colgantes y un tremendo LCD donde se rotan videoclips y películas de Bollywood. El LCD no es muy glamoroso pero asi es India, creo yo, un sincretismo de cultos milenarios y outsourcing de tecnología para occidente.
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Santiago efectivamente está atestado de restaurantes chinos, con platos orientales típicos pero adaptados para conquistar el estómago de nuestro mercado. Un clásico por donde se le mire. Sin embargo, logramos dar con un recinto que con tradición y calidad ha ganado, y desde hace ya bastante tiempo, un puesto privilegiado dentro del mundo de los comedores de comida china.
Nos referimos al mítico Palacio Danubio Azul, uno de los restaurantes precursores y además de los con mayor prestigio en su tipo, con más de 40 años cultivando una elegancia y calidad únicas. Como en todo restaurant de categoría, la buena cocina no es suficiente sin una buena atención, un sello que seguro el Danubio Azul ha de ya tener registrado, por lo que reservar una mesa se convierte en toda una experiencia donde el más popular plato chino, pasa a convertirse en un gourmet refinado, o si se prefiere, exótico.
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